SANTO DOMINGO.– Crear un hábito de lectura en casa no exige una biblioteca extensa ni largas sesiones diarias. Un cuento antes de dormir, una revista compartida o una visita a una biblioteca pueden abrir espacios para conversar sobre historias e ideas.
El primer paso es elegir materiales adecuados a los intereses y edades de cada integrante. Forzar un mismo tipo de libro para todos puede convertir la actividad en una obligación; ofrecer opciones permite que cada persona descubra lo que le gusta.
Consejos para incorporarlo a la rutina
En familias con niños pequeños, leer en voz alta y comentar las ilustraciones ayuda a mantener la atención. Con adolescentes, puede funcionar mejor intercambiar recomendaciones o conversar sobre personajes y temas sin transformar cada lectura en un examen.
Reservar un momento fijo, aunque sea breve, facilita la continuidad. También puede ser útil reducir las distracciones digitales durante ese tiempo y mantener los libros en lugares accesibles. La constancia suele importar más que la cantidad de páginas completadas en una sola jornada.
Las bibliotecas públicas, los intercambios de libros y los materiales gratuitos de procedencia confiable ofrecen alternativas cuando el presupuesto es limitado. El objetivo principal es que la lectura se asocie con curiosidad y disfrute, no únicamente con tareas escolares.




