A dos meses de asumir la dirección ejecutiva del Servicio Nacional de Salud (SNS), el doctor Julio César Landrón ha instaurado un modelo de gestión basado en la presencia directa y la transparencia ética. La llegada de Landrón a la dirección el 8 de enero de 2026 pertenece a esa categoría de cambios que se sienten antes de que se puedan medir.
Sesenta días son suficientes para que una forma de ejercer el poder deje una huella legible. El primer rasgo de lo que ya se denomina el «efecto Landrón» es que el director ejecutivo se mueve: se presenta sin previo aviso en el Robert Reid Cabral, la Maternidad La Altagracia o el Vinicio Calventi.
Esta filosofía, conocida como Management by Walking Around, privilegia el contacto directo sobre el reporte mediado. Cuando lo observado no admite tolerancia, actúa con velocidad: la destitución del director del Hospital Salvador B. Gautier fue el mensaje más claro de que el cargo no protege a quien traiciona al paciente.
Ética, presupuesto y visión estratégica
Landrón eligió demostrar la transparencia en el momento más incómodo: ante denuncias de irregularidades en contratos de gestiones anteriores, respondió con la paralización inmediata de las licitaciones y una revisión junto a la DGCP.
Sus antecedentes le dan autoridad moral; dejó en el Hospital Ney Arias Lora un superávit histórico de más de 300 millones de pesos, aunque ahora enfrenta un déficit heredado en el SNS que supera los 13,000 millones de pesos.
Bajo el lema «Más Salud y Larga Vida», la agenda para 2026 prioriza el fortalecimiento de la Atención Primaria y la consolidación de la Red Nacional de Trauma. Además, ha firmado convenios con instituciones en España para garantizar formación de alta gerencia a todos los directores de la Red Pública.
El «efecto Landrón» no es la cura definitiva a los males crónicos del sistema, pero sí representa un cambio profundo en el protocolo de intervención y, sobre todo, en la recuperación de la confianza de los ciudadanos.




