Santo Domingo.– La obesidad es considerada hoy una enfermedad crónica, metabólica y progresiva que puede afectar gravemente la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que puede resultar perjudicial para el organismo, con causas multifactoriales que incluyen factores biológicos, genéticos, sociales, ambientales y psicológicos.
Debido a su impacto creciente, la obesidad se ha convertido en una de las principales amenazas sanitarias del siglo XXI.
Cada 4 de marzo se conmemora su día, una fecha impulsada por la Federación Mundial de la Obesidad para visibilizar este problema y promover mayor conciencia sobre su impacto en la salud de millones de personas en todo el mundo. En 2026, el lema vuelve a poner el foco en la necesidad de abordar la obesidad como un problema de salud pública global, promoviendo acciones sin estigmas y con estrategias integrales de prevención, educación y tratamiento.
Según la OMS, una de cada ocho personas en el mundo vive con esta condición, lo que aumenta el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares.
La doctora Mónica Katz, médica especialista en Nutrición (UBA) y Directora del Posgrado de Nutrición Clínica de la Universidad Favaloro, indica que es necesario contar con una ley de obesidad. «Necesitamos una ley de obesidad para que todos aquellos que requieren tratamiento, tengan tratamiento nutricional psicológico, fármacos, y cirugía», menciona la experta.
No se trata solo de una cuestión estética; la obesidad aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, problemas articulares y apnea del sueño. La evidencia científica muestra que el exceso de adiposidad, especialmente abdominal, favorece la resistencia a la insulina; de hecho, muchos especialistas usan el término «diabesidad» para describir esta relación.
El Día Mundial de la Obesidad 2026 insiste en que esta enfermedad no es falta de voluntad, sino el resultado de entornos que no favorecen elecciones saludables: alimentos ultraprocesados accesibles, sedentarismo, estrés y desigualdades en el acceso a la salud. Más allá de los tratamientos específicos, existen pilares fundamentales para mejorar la salud:
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Alimentación equilibrada: Priorizar frutas, verduras y legumbres; reducir ultraprocesados, bebidas azucaradas y sal.
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Hidratación adecuada: Beber al menos ocho vasos de agua al día.
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Actividad física diaria: Realizar al menos 30 minutos de actividad moderada.
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Menos pantallas y mejor descanso: El mal sueño altera las hormonas del apetito.
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Consulta profesional: El acompañamiento médico es clave para un abordaje integral.










