En una sala de cuidados intensivos, Najiba, de 24 años, vigila a su bebé Artiya, uno de los cerca de cuatro millones de niños en riesgo de morir por desnutrición este año en Afganistán.
El hospital regional de Herat, apoyado por la oenegé Médicos Sin Fronteras (MSF), se ha convertido en la última esperanza para miles de familias que enfrentan la disminución de la ayuda internacional, la sequía y el colapso económico tras el regreso del régimen talibán en 2021.
Según John Aylieff, director del Programa Mundial de Alimentos (PMA), en 2025 se registró el mayor aumento de desnutrición infantil del siglo XXI, y la tendencia continuará en 2026.
En el centro nutricional de Herat, se ingresan en promedio entre 315 y 320 niños desnutridos cada mes. Muchas madres, como Najiba, han sacrificado su propia salud, lo que ha provocado la pérdida de leche materna y el agravamiento del estado de salud de sus hijos, quienes a menudo llegan al centro en estado desesperado.
La crisis se agrava con el retorno de cinco millones de afganos expulsados de Irán y Pakistán. El PMA advirtió que necesita 390 millones de dólares para alimentar a seis millones de personas en el primer semestre de 2026, fondos con los que aún no cuenta.
Mientras tanto, enfermeras como Wranga Niamaty y Fawzia Azizi trabajan en la recuperación de los lactantes y en la capacitación de las madres, en un contexto donde la falta de recursos amenaza con dejar a miles de niños sin el tratamiento vital que necesitan para sobrevivir.










