De discursos breves y con una imagen de académica, Delcy Rodríguez, la mujer que juró como presidenta encargada de Venezuela, ha tomado el timón de un chavismo volcado en garantizar su supervivencia cuando su país se asoma a una etapa de cambios tutelados por EE. UU. y que está poniendo a prueba los cimientos de la revolución.
En un mes, esta abogada de 56 años ha dejado patente su capacidad de dialogar con Washington, de impulsar una reforma que da un giro ‘capitalista’ al sector petrolero, pero también de asumir como la primera comandante en jefe de una fuerza armada que ha jurado lealtad a la sucesora de Nicolás Maduro. Después de la operación militar del pasado 3 de enero que terminó con la captura de Maduro, el chavismo apostó por llenar su ausencia y encarar, desde el poder, la nueva dinámica.
Es así como Rodríguez, aunque habla telefónicamente con el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, se empeña públicamente en reclamar independencia y en criticar a una oposición sin un espacio cierto en el actual tablero político. «Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela, que sea la política venezolana quien resuelva nuestras divergencias», dijo el pasado 25 de enero.
Concisa
Si algo ha caracterizado esta fase del chavismo es la concisión y la supervivencia. Rodríguez aparece para hacer anuncios puntuales a través de portavoces como su hermano y presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez. El 15 de enero, su presentación ante el Parlamento fue de alrededor de una hora, un cambio frente a las nueve horas de Hugo Chávez en 2012 o las cuatro de Maduro en 2021.
Desde que juró al cargo el 5 de enero, la líder chavista tiene como punto a favor el acercamiento con Trump, quien confirmó el día 14 una primera conversación descrita como «excelente». Sin embargo, el politólogo Piero Trepiccione explica que esto supone un «enorme desafío» para el chavismo, que siempre ha funcionado bajo un hiperliderazgo. Por su parte, Pablo Andrés Quintero, de LOG Consultancy, ve al partido enfrentado a un proceso de reconfiguración por supervivencia.
Ejecutiva
Los pasos de Rodríguez evidencian su acento económico y el acercamiento con Washington. El pasado 16 de enero anunció la fusión del Ministerio de Industrias con el de Comercio Nacional, delegando la instancia en Luis Antonio Villegas. La medida supuso la salida del gabinete de Alex Saab.
Otro de sus designados es Calixto Ortega como nuevo vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas. De cara a la nueva etapa con EE. UU., que ya envió a su representante Laura Dogu, Rodríguez designó a Félix Plasencia como su delegado para restablecer una relación que, según Dogu, busca la estabilización, recuperación económica y transición.










