Cuando agentes de aduanas brasileños abrieron unos tarros de dulce de leche en un autobús turístico procedente de Paraguay, en abril, hallaron cientos de viales mezclados con la preparación.
Se trataba de tirzepatida, el principio activo del medicamento Mounjaro, y la inspección se convirtió en una de las mayores incautaciones de fármacos para adelgazar realizadas en Brasil, con un cargamento que superó los 2,500 viales, según la Agencia Tributaria Federal brasileña.
El hallazgo no fue un hecho aislado.
El Puente de la Amistad, que conecta a Brasil con Paraguay cerca de las cataratas del Iguazú, ha sido durante años una ruta para el contrabando de cigarrillos y artículos electrónicos, pero en años recientes los contrabandistas encontraron un producto más rentable: los medicamentos para adelgazar. Solo en el primer semestre de 2026 se incautaron más de 76,000 plumas, viales y otros productos con semaglutida y tirzepatida en la frontera, casi el triple de lo decomisado durante todo el año anterior, de acuerdo con el Servicio de Impuestos Federales de Brasil.
El negocio detrás de la diferencia de precio
El atractivo del contrabando responde a una brecha de precios entre ambos países. En Paraguay, una ampolla de tirzepatida fabricada localmente cuesta unos 340 reales (alrededor de US$68), mientras que el Mounjaro autorizado en Brasil, producido por la farmacéutica estadounidense Eli Lilly, puede superar los 1,400 reales (unos US$280). Un experto en seguridad pública citado por CNN Brasil advirtió que esa diferencia está cambiando los incentivos de organizaciones criminales que antes se dedicaban principalmente al contrabando de cigarrillos.
Carlos Dure, comisario del Comando Tripartito —la alianza policial entre Argentina, Brasil y Paraguay que vigila la zona fronteriza— señaló al Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado que también se han detectado importaciones chinas del medicamento circulando por la región.
El origen de las inyecciones que ingresan de contrabando suele ser difícil de rastrear. Según autoridades paraguayas, algunas unidades se venden legalmente en el país antes de ser robadas de farmacias locales y trasladadas ilegalmente hacia Brasil, mientras que la policía también ha descubierto laboratorios clandestinos que fabrican versiones falsificadas del fármaco.
Un mercado que crece por la demanda
En redes sociales, la demanda de las versiones paraguayas del medicamento se ha vuelto visible. En grupos de WhatsApp con cientos de integrantes, usuarios comparten resultados de «antes y después» tras el supuesto uso de estos productos, con pérdidas de peso reportadas de hasta 20 kilogramos, mientras que plataformas como Facebook y TikTok reúnen tutoriales sobre cómo adquirir las versiones vendidas en farmacias paraguayas. La alta demanda de compradores brasileños ha llevado a algunos establecimientos paraguayos a ofrecer atención en portugués.
La brecha de precios explica en parte ese comportamiento. En farmacias de Paraguay, las dosis más bajas de un producto identificado como T.G. cuestan alrededor de R$294, mientras que las dosis más altas de otro producto, Lipoless, cuestan desde R$770. En el mercado brasileño, según la Cámara de Regulación del Mercado de Medicamentos (CMED), el precio de tabla del Mounjaro en su dosis más baja es de R$1,562.66.
Riesgos sanitarios del contrabando
Más allá del componente ilegal, especialistas advierten sobre los riesgos de salud que implica el transporte irregular de estos fármacos. Los medicamentos inyectables requieren condiciones controladas de producción, almacenamiento y transporte, y no deberían mantenerse por horas cerca de motores calientes ni almacenarse sin control de temperatura, según ha señalado la prensa especializada que ha dado seguimiento al fenómeno.
Las autoridades de ambos países han deslindado responsabilidades sobre el control del comercio ilegal. La autoridad sanitaria de Paraguay indicó que el uso de medicamentos de contrabando en Brasil es competencia de las autoridades brasileñas, mientras que la Agencia Tributaria de Brasil dijo que sus funcionarios actúan de forma generalizada para impedir el ingreso de mercancía ilegal, pero que no realiza operativos específicos contra los medicamentos para adelgazar.
Para muchos consumidores, la diferencia de precio resulta determinante frente al salario promedio en Brasil. Una fuente citada por la prensa, que gana el salario mínimo brasileño de unos 300 dólares mensuales, señaló que compra el medicamento paraguayo por unos 75 dólares cada seis semanas.




