Lavar frutas y verduras antes de consumirlas es una práctica sencilla de seguridad alimentaria, pero no todos los métodos que circulan en redes sociales son recomendables. El uso de jabón, cloro doméstico o detergentes puede dejar residuos en los alimentos, mientras que un enjuague cuidadoso con agua potable corriente permite retirar suciedad y reducir parte de los microorganismos presentes en la superficie.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aconseja lavar los productos frescos incluso cuando se van a pelar. La razón es que la suciedad y los microorganismos de la cáscara pueden pasar a la pulpa al utilizar un cuchillo o al manipular el alimento.
El agua corriente es el primer paso
Antes de preparar los alimentos, conviene lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos y limpiar la superficie de trabajo. Después, las frutas y verduras deben colocarse bajo un chorro de agua potable y frotarse suavemente con las manos. No es necesario añadir productos de limpieza al agua.
Los alimentos de piel firme, como pepinos, melones o papas, pueden frotarse con un cepillo limpio reservado para ese uso. En productos delicados, como tomates o fresas, se recomienda un manejo suave para evitar dañarlos. Tras el lavado, secarlos con una toalla de papel o un paño limpio puede ayudar a retirar humedad y reducir parte de las bacterias que permanezcan en la superficie.
En vegetales de hojas, como lechuga y repollo, es conveniente retirar las hojas exteriores y revisar las restantes antes de enjuagarlas. También deben eliminarse las partes golpeadas o deterioradas; si un alimento presenta signos de descomposición, lo prudente es descartarlo.
Por qué no se debe utilizar jabón ni cloro
La FDA y el Departamento de Agricultura estadounidense desaconsejan lavar frutas y verduras con jabón, detergentes, cloro doméstico o desinfectantes de superficies. Estos productos no están formulados para aplicarse directamente sobre alimentos frescos y sus residuos pueden resultar perjudiciales si se ingieren.
Tampoco debe darse por hecho que el vinagre, el limón o la sal eliminan los microorganismos que causan enfermedades. Las autoridades de seguridad alimentaria señalan que estos remedios caseros no han demostrado ser métodos fiables de desinfección de productos frescos.
Evitar la contaminación cruzada también importa
Una fruta bien lavada puede volver a contaminarse si se corta sobre una tabla utilizada para pollo o carne cruda sin limpiarla antes. Por eso, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan mantener separados los alimentos crudos de los que se consumen sin cocción, además de lavar utensilios, tablas y superficies después de cada uso.
Las frutas cortadas, ensaladas preparadas y otros productos perecederos deben mantenerse refrigerados. Si un paquete indica expresamente que su contenido ya fue lavado y está listo para comer, en general puede consumirse sin repetir el proceso, siempre que se conserve y manipule de forma adecuada.
El lavado reduce riesgos, pero no esteriliza
Enjuagar los vegetales ayuda a disminuir la suciedad y parte de la contaminación superficial, aunque no garantiza eliminar todos los microorganismos. Cuando corresponda, la cocción y la refrigeración siguen siendo medidas importantes de protección. En hogares donde el agua de la llave no sea segura para beber, debe utilizarse agua potable para el lavado de alimentos que se consumirán crudos.
La recomendación central es mantener una rutina simple y constante: manos limpias, agua segura, utensilios higienizados y almacenamiento adecuado. Esas medidas ofrecen una protección más razonable que recurrir a mezclas químicas o remedios caseros sin eficacia comprobada.
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