Un agujero negro supermasivo situado a unos 665 millones de años luz de la Tierra está protagonizando uno de los comportamientos más extraños jamás observados después de devorar una estrella.
El objeto, denominado AT2018hyz, continúa expulsando chorros de material brillante a gran velocidad años después de haber destruido a su víctima estelar, algo nunca antes visto, detalla un estudio publicado en The Astrophysical Journal.
Un «eructo» cósmico que no termina Los astrónomos descubrieron que este agujero negro, detectado originalmente en 2019, despedazó una estrella enana roja en un evento conocido como disrupción por marea (TDE). Tras devorar por completo a esta estrella, el agujero negro comenzó a expulsar material con un retraso inusual: el gas sobrante no empezó a salir al espacio hasta dos años después de la destrucción de la estrella. Lo más extraño de todo es que lleva seis años haciéndolo.
«El aumento exponencial de la luminosidad de esta fuente no tiene precedentes. Ahora es unas 50 veces más brillante que cuando se descubrió», afirma la autora principal Yvette Cendes, astrofísica de la Universidad de Oregon. «Esto ha estado ocurriendo durante años y no muestra señales de detenerse», agrega la experta.
Cómo un agujero negro devora una estrella El agujero negro tiene una masa cercana a cinco millones de soles, comparable con el situado en el centro de la Vía Láctea. La enana roja tenía una décima parte de la masa de nuestro Sol. Cuando una estrella se acerca demasiado, suele ser desgarrada por la gravedad extrema en un proceso llamado «espaguetificación».
Cualquier objeto que se acerque demasiado «corre el riesgo de ser destrozado por fuerzas de marea y estirado en una larga corriente de escombros», explica Kate Alexander, astrofísica de la Universidad de Arizona y coautora del estudio. Parte de este gas se calentó y el agujero negro comenzó a consumir la estrella, produciendo la brillante luz de radio que detectan los telescopios.
Un fenómeno sin explicación clara
Los científicos aún no entienden por qué este evento es tan extremo ni por qué el chorro ha sido tan potente y duradero. Se cree que la emisión de este material brillante podría alcanzar su máximo en el corto plazo, posiblemente hacia 2027, para luego disminuir lentamente. «Probablemente podremos verlo durante una década o más», concluye Alexander.






