Nuestra relación con la comida va mucho más allá de la simple nutrición. Según la psicoterapeuta Miriam Salinas Gascón, es una conexión profundamente nutriemocional que se forja en la infancia y en el entorno familiar. La comida puede convertirse en una forma de gestionar la soledad, el vacío emocional o las frustraciones, creando un vínculo que, de no ser sanado, puede llevarnos a una relación disfuncional con la alimentación.
Salinas, quien fue una atleta de élite y hoy es experta en ansiedad por la comida, explica que el hambre puede tener muchos tipos, y no todos son físicos. A menudo, recurrimos a la comida para calmar emociones, buscando el placer y el confort que nos faltan en otras áreas de nuestra vida. Las prohibiciones de alimentos en la infancia también pueden generar ansiedad y un comportamiento descontrolado, provocando un ciclo de culpa y vergüenza.
Cómo abordar los cinco «apetitos» emocionales más comunes
En su libro Atrévete a comerte la vida, Miriam Salinas Gascón ofrece una guía práctica para identificar y sanar esta relación con la comida. Ella propone que, en lugar de centrarnos solo en lo que comemos, debemos explorar el «cómo» nos relacionamos con la comida, nuestro cuerpo y la vida.
Aquí te mostramos cinco «apetitos» emocionales comunes y cómo abordarlos, según la experta:
- Hambre de ser uno mismo: Este apetito surge cuando nos duele habitar nuestro cuerpo o sentir nuestras emociones. La solución, según Salinas, es crear «islas de reposo» en tu agenda. Apaga el móvil, respira profundamente y pregúntate: «¿Cómo me siento? ¿Qué necesito en este momento?». Conectar contigo mismo es el primer paso para una relación saludable.
- Hambre de estar nutrido: Se refiere a la necesidad fisiológica de combustible para el cuerpo. No te saltes comidas ni te restrinjas de forma severa. Escucha a tu cuerpo y come de forma consciente, disfrutando cada bocado. Recuerda que la comida no es solo energía, sino también placer y conexión con la vida.
- Hambre de reconectar con tu cuerpo: Se manifiesta como la necesidad de moverse, dormir bien, y explorar tu sensualidad. Tu cuerpo es tu templo. Escúchalo, cuídalo y dale lo que necesita. Duerme lo suficiente, muévete de forma placentera y reconcíliate con tu cuerpo.
- Hambre de sensaciones placenteras: La vida no es solo deber y sacrificio. Date permiso para disfrutar. Salinas sugiere tomar un baño relajante, leer un libro que te inspire, o simplemente reír y bailar. Cultiva la alegría, la gratitud y el buen humor para nutrir este apetito sin recurrir a la comida.
- Hambre de expresar tus emociones: Si te sientes abrumado por lo que sientes, no te las tragues. Exprésalas de forma saludable: habla con alguien de confianza, escribe en un diario o dibuja. Identifica las emociones en tu cuerpo y dales espacio para fluir, sin juzgarte ni reprimirte.

La clave, como señala la experta, es reconocer que la alimentación saludable es un proceso integral que abarca nuestro bienestar físico y emocional.





