Ayer, el Gobierno dominicano lanzó un mensaje de calma financiera tras un Consejo de Gobierno que puso sobre la mesa RD$15,000 millones para enfrentar las turbulencias que llegan desde el Medio Oriente.
El ministro de Hacienda, Magín Díaz, fue claro: el país tiene liquidez, las recaudaciones están por encima de lo previsto y existen depósitos que superan los RD$300,000 millones.
Sin embargo, la gran pregunta que queda en el aire es si este «escudo» será suficiente ante un petróleo que ha escalado de US$60 a US$100 en tiempo récord.
La estrategia oficial apuesta a la estabilidad a toda costa, utilizando la reasignación de partidas presupuestarias como una herramienta quirúrgica para no aumentar el gasto total.
La movida de inyectar RD$1,000 millones a los fertilizantes es una jugada lógica para evitar que el alza del 40% en los insumos internacionales se traduzca en platos vacíos o más caros en las mesas dominicanas.
El reto de la resiliencia
Es innegable que República Dominicana llega a esta crisis con los indicadores fiscales fortalecidos y con un financiamiento de bonos soberanos por US$3,000 millones ya asegurado. Pero la historia nos enseña que las crisis en el mercado petrolero son impredecibles.
El Gobierno define este escenario como la mayor disrupción en 100 años, y aunque los números locales hoy son positivos (con ingresos de la DGI y DGA RD$4,000 millones por encima de la meta), el margen de maniobra dependerá de cuánto tiempo se mantenga el crudo en los tres dígitos.
Garantizar la estabilidad no es solo una meta técnica; es una necesidad política y social. El éxito de estos RD$15,000 millones no se medirá solo en los balances del Banco Central, sino en la capacidad de mantener el crecimiento económico sin sacrificar la inversión pública.
Por ahora, el país parece tener los recursos para amortiguar el impacto inicial, pero el contexto global obligará a una vigilancia semana a semana.







