En el corazón de la Cordillera Central, donde los ríos murmuran leyendas y las montañas parecen esconder secretos, una comunidad vive atrapada entre la angustia, la incertidumbre y la esperanza. Dos desapariciones, ocurridas con meses de diferencia, mantienen en vilo a los más de 20 mil habitantes del distrito municipal de Manabao, al sur de Jarabacoa, uno de los lugares más emblemáticos de la provincia La Vega.
La historia comenzó el 20 de diciembre de 2024, cuando desapareció José Dolores Rodríguez, conocido como El Viejo Lolo, un campesino de 93 años, querido por su comunidad y recordado por sus historias sobre los taínos y sus décimas campesinas. Cuatro meses después, el 30 de marzo de 2025, el misterio se profundizó con la desaparición del pequeño Roldany Calderón, un niño de apenas tres años, visto por última vez en Los Tablones, comunidad de La Ciénaga.
Lolo, la leyenda viva que se esfumó
“El Viejo Lolo” no era un hombre común. Amado por generaciones, su figura era parte del imaginario popular, conocido por su sabiduría rural, su voz poética y su fascinación por los relatos ancestrales. Desde su humilde casa en El Abanico, contaba encuentros con “indios taínos” que, según él, habitaban las cuevas de la montaña. Fue visto por última vez por un amigo que le cocinó y compartió la tarde con él. Al día siguiente, su hogar apareció vacío y con señales inquietantes: la puerta abierta, su chaqueta colgada, sus botas en su lugar y su perra, “Riqueza”, desaparecida.
Se inició entonces un amplio operativo de búsqueda: helicópteros, drones, perros rastreadores, militares, cruz roja, y hasta oraciones multitudinarias. No hubo rastro de Lolo. Solo aparecieron pistas confusas, como un cuerpo hallado en el río que resultó no ser el suyo, y un rastro de fuego en su patio que generó sospechas.
La comunidad lanzó teorías: ¿fue arrastrado por el río?, ¿raptado?, ¿abandonó su casa por voluntad propia?, o… ¿fue llevado por los “indios” que tanto mencionaba? Ni vivo ni muerto, Lolo desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra.
Roldany, el niño que se desvaneció
El caso más reciente y desgarrador es el de Roldany Calderón, quien se encontraba con sus padres visitando a una familiar en la comunidad de Los Tablones. Minutos antes de su desaparición, jugaba con una niña de 10 años al lado de una pileta, con una botella de refresco que llenaba de agua.
Según relató su padre, Efraín Calderón, al canal La Vega Mundial, todo ocurrió en cuestión de minutos. Estaban almorzando y el niño jugaba cerca. De repente, desapareció. “Que me pidan lo que quieran, pero que me lo traigan”, dijo entre lágrimas, mientras recordaba un presentimiento previo al hecho: un accidente menor en su pierna al llegar a la casa, que hoy interpreta como un aviso.
También su madre, Carolin Vargas, se pronunció por TikTok pidiendo ayuda: “Quien vea a mi niño, por favor, comuníquese. Aquí hay gente buena, no jueguen con este dolor”.
Las autoridades han desplegado un impresionante equipo de rescate que incluye al Batallón de Cazadores de Constanza, equipos caninos, drones y especialistas en zonas montañosas. Pero hasta el momento, no hay rastro del pequeño.
¿Coincidencia o patrón?
Lo que une ambos casos no es solo el misterio. Ambos ocurrieron en zonas remotas, alejadas, rodeadas de montañas, ríos y caminos poco transitados. Ambos en el mismo distrito. Ambos sin explicación clara. Ambos con una comunidad marcada por el desconcierto.
Los relatos populares han empezado a entrelazar las historias. ¿Hay algo más en las montañas de Manabao que aún no ha sido descubierto? ¿Qué une la leyenda de los “indios invisibles” con la súbita desaparición de un niño?
Las versiones se multiplican: desde raptos hasta fenómenos sobrenaturales, mientras las autoridades intentan mantener el foco en la evidencia.
La esperanza no desaparece
En medio del miedo y la incertidumbre, la comunidad de Manabao se aferra a la fe. Se han realizado marchas, oraciones comunitarias, vigilias y publicaciones virales. El rostro del niño circula por redes sociales. La figura del Viejo Lolo se convirtió en canción.
La montaña guarda sus secretos. Pero el eco de los pasos perdidos de Lolo y las risas ausentes de Roldany resuenan en el alma de este pueblo.