LA PAZ, BOLIVIA. – A días de las elecciones generales del 17 de agosto, Bolivia enfrenta una profunda crisis económica marcada por la escasez de alimentos, combustibles y dólares. Este malestar social se ha convertido en el tema central del debate político y ha cambiado drásticamente el panorama electoral.
En una esquina de La Paz, Wilson Paz, un trabajador de 39 años, no pudo encontrar pan fresco, un reflejo de la escasez de harina que afecta a los panaderos. Este problema, junto a las largas filas para conseguir gasolina, ilustra la frustración ciudadana. «Estamos esperando con muchas ansias que lleguen de una buena vez las elecciones para cambiar este modelo que nos ha empobrecido bastante», afirma.
El panorama de la escasez y la inflación
El gobierno del presidente Luis Arce ha mantenido una política de subsidios, agotando sus reservas de dólares para importar productos esenciales como gasolina, diésel y trigo. La caída libre en la exportación de gas natural, que antes era el principal motor económico, ha limitado el ingreso de divisas al país, exacerbando la situación. El año pasado, por ejemplo, las ventas de gas apenas alcanzaron los $1,600 millones, mientras que los pagos al exterior sumaron $5,000 millones.
La falta de dólares ha duplicado su valor en el mercado paralelo, disparando el precio de muchos productos básicos. Esta situación se agrava con una inflación interanual del 24.8% en julio, la más alta desde 2008.
La cita electoral y el desgaste de la izquierda
Por primera vez en 20 años, la izquierda no se perfila como favorita en las encuestas. La insatisfacción ha impulsado a la oposición, con los candidatos de derecha Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga liderando las preferencias. El sentimiento general es de urgencia por un cambio, como lo resume Carlos Tavera, un socialista jubilado: «Cualquiera es mejor que esto».
Análisis de expertos y perspectivas futuras
El economista Napoleón Pacheco advierte que el país podría estar al borde de un «proceso hiperinflacionario», provocado por la emisión de moneda local para estabilizar la economía. Según un estudio de la Fundación Jubileo, la pobreza real en Bolivia, considerando el costo de vida, podría ser del 44%, una cifra mucho mayor a la reportada por el gobierno.
Pacheco concluye que la contención de la crisis requerirá «medidas de shock», como un cambio en la política de subvenciones, sugiriendo que el futuro de Bolivia será un período de «sangre, sudor y lágrimas».





