La República Dominicana enfrenta un desafío persistente: la limitada cultura de aseguramiento que deja a miles de ciudadanos vulnerables a perderlo todo por eventos imprevistos, desde desastres naturales hasta explosiones o incendios. Expertos y datos recientes subrayan la urgencia de cambiar esta percepción y considerar el seguro como una herramienta esencial de protección.
Puede que usted haya logrado saldar su vivienda o vehículo tras años de esfuerzo, pero un fenómeno atmosférico repentino podría destruirlo en segundos. El informe «Impacto de los Desastres Naturales en la República Dominicana» del Consejo Nacional de Competitividad destaca las significativas pérdidas económicas que estos eventos han causado al país. Por ejemplo, los huracanes David y Federico en 1979 representaron el 16 % del Producto Interno Bruto (PIB) en pérdidas, mientras que el huracán Georges en 1998 impactó el 14 % del PIB. Incluso eventos menores, como las inundaciones de 2003, generaron pérdidas del 0.20 % del PIB, y las lluvias de 2016-2017 junto a los huracanes Irma y María en 2017, un 1.50 % del PIB. Con el huracán Fiona, las pérdidas directas se estimaron en un 0.3 % del PIB.
Tragedias recientes y la falta de protección
La baja cultura aseguradora volvió a ser evidente tras tragedias recientes que aún están «frescas en la memoria de los dominicanos». La explosión en San Cristóbal en agosto de 2023 y las fuertes lluvias de noviembre de 2022 y 2023 en Santo Domingo, que dejaron decenas de vehículos inutilizados, mostraron cómo miles de personas sufrieron grandes pérdidas materiales sin contar con la protección de un seguro.
Franklin Glass Ángeles, presidente de la Cámara Dominicana de Aseguradores y Reaseguradores (CADOAR), ha insistido en que el país mantiene una baja cultura aseguradora. “Hay personas, empresas y organizaciones que solo valoran el seguro después de haber vivido un siniestro. Es entonces cuando comprenden la diferencia entre tener una póliza y no contar con ella”, afirmó.
El desconocimiento: No solo tener, sino entender el seguro
El problema no se limita a la falta de seguros, sino también al desconocimiento sobre lo que realmente cubren las pólizas. “Lo importante no es solo tener un seguro, sino entender qué se está contratando. Muchas personas creen estar protegidas, pero desconocen las coberturas, limitaciones o exclusiones de sus pólizas”, explicó Glass Ángeles.
Durante las lluvias torrenciales de noviembre, cientos de conductores vieron sus vehículos arrastrados o inservibles por el agua, muchos sin un seguro que cubriera estos daños o solo con pólizas básicas sin contemplar fenómenos naturales. La explosión de San Cristóbal evidenció lo mismo con negocios, viviendas y automóviles destruidos sin compensación previa.
Para Glass, el gran reto es cambiar la percepción de que el seguro es un lujo. “El mejor seguro no es el más barato ni el más caro, sino el que se ajusta a tus necesidades y a tu capacidad de pago. No tiene sentido contratar una póliza hoy si no podrás renovarla el año siguiente. El seguro debe formar parte del presupuesto de quien tiene una vivienda, un vehículo o un negocio”, subrayó.
Aunque la industria aseguradora tiene décadas en el país, su desarrollo como herramienta financiera es reciente, extendiéndose desde grandes empresas hacia la población general, impulsada en parte por el sistema de seguridad social.
Barreras y beneficios de asegurarse
Aún así, muchos dominicanos no priorizan el seguro. “No se trata solo de ingresos bajos, sino también de prioridades. La gente trabaja durante años para obtener una casa o un vehículo, pero no protege esa inversión con un seguro que, en muchos casos, cuesta menos de lo que se piensa”, relató Glass.
Delisa Collado, directora de Auto y Patrimoniales de Humano Seguros, coincide en que «todavía nos falta mucho por educar y sensibilizar sobre la importancia del seguro en el bienestar colectivo y familiar». Ella señala factores como bajos ingresos, poco conocimiento del seguro, baja percepción de riesgo y la irregularidad de ingresos del sector informal como barreras, donde el seguro es visto como un gasto prescindible. Para los seguros de vida, la evasión emocional a pensar en la muerte y la priorización de gastos básicos son excusas comunes.

Sin embargo, los beneficios son claros: el seguro brinda respaldo a los bienes económicos, evitando la pérdida del patrimonio, lo que disminuye el riesgo de caer en deudas y amenaza la continuidad de un negocio o la estabilidad financiera familiar.
Solo entre 2001 y 2023, el país experimentó desastres naturales que afectaron a 5,163,600 personas y causaron 1,784 fallecimientos. El verdadero desafío, concluye el análisis, radica en lograr una transformación cultural que lleve a ver el seguro no como un gasto innecesario, sino como una herramienta esencial de protección.




